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Diego Schattenhofer
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Amilasa: Catalizador Esencial en la Cocina y Nutrición

Término
Amilasa
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Una mano sostiene un tubo de ensayo con un líquido ambarino en un laboratorio

Qué es la amilasa

La amilasa, una enzima fundamental en la digestión y procesamiento culinario de los carbohidratos, desempeña un papel crítico tanto en la nutrición humana como en la gastronomía. Esta enzima, presente en la saliva y el páncreas, inicia el proceso de descomposición de los almidones en azúcares más simples, como la maltosa y la dextrina, facilitando su absorción por el cuerpo. En la cocina, la amilasa se explota para transformar texturas y sabores, mejorando la calidad de alimentos como el pan, la cerveza y otros productos fermentados.

En términos bioquímicos es una hidrolasa: cataliza la hidrólisis de los enlaces glucosídicos de los carbohidratos complejos —almidón, glucógeno— y los rompe en fragmentos más pequeños. Ese gesto, repetido en una boca, en un páncreas, en una cuba de macerado o en un tarro de miel, es todo lo que hace la amilasa. Y explica por qué aparece a la vez en un análisis de sangre, en una masa madre y en el pliego de una denominación de origen.

De dónde viene el nombre

La historia de la amilasa es también la del propio vocabulario de la bioquímica.

En 1831, el químico alemán Erhard Friedrich Leuchs describió por primera vez una enzima de la saliva capaz de hidrolizar el almidón, a la que llamó «ptialina». Dos años más tarde, en 1833, los químicos franceses Anselme Payen y Jean-François Persoz aislaron un complejo enzimático a partir de cebada germinada y lo bautizaron «diastasa». Aquel hallazgo fijó una convención que sigue vigente casi dos siglos después: nombrar las enzimas con el sufijo -asa. Toda la nomenclatura posterior —proteasa, lipasa, lactasa y la propia amilasa— desciende de ese momento.

El tercer hito llegó en 1862, cuando el bioquímico ruso Aleksandr Yakovlevich Danilevsky consiguió separar la amilasa pancreática de la tripsina, es decir, distinguir la enzima que ataca los almidones de la que ataca las proteínas.

Conviene retener el nombre de Payen y Persoz: «diastasa» no es un arcaísmo, sigue vivo hoy en la normativa de la miel, como se explica más abajo.

Los tres tipos: alfa, beta y gamma

No hay una amilasa, sino una familia. Las tres variantes atacan el mismo sustrato —el almidón— pero lo hacen de forma distinta, y esa diferencia es la que decide qué azúcar sale de cada proceso.

TipoNúmero ECCómo ataca la cadenapH óptimoDónde se encuentra
Alfa-amilasaEC 3.2.1.1Al azar, en cualquier punto de la cadena6,7-7,0Principal enzima digestiva de los animales
Beta-amilasaEC 3.2.1.2Desde el extremo no reductor; libera maltosa5,4-5,5Plantas, hongos y bacterias; no en tejido animal
Gamma-amilasaEC 3.2.1.3También rompe enlaces α(1→6); libera glucosa directamente4,0-4,5La más eficaz en medio ácido

La lectura práctica de la tabla es sencilla. La alfa-amilasa trocea la cadena por cualquier punto y genera dextrinas. La beta-amilasa va podando el extremo de la cadena y produce maltosa, el azúcar fermentable por excelencia. Y la gamma-amilasa es la única capaz de desmontar también las ramificaciones —los enlaces α(1→6)—, lo que le permite liberar glucosa directamente.

En la industria alimentaria la amilasa se comercializa en varios formatos según el proceso: líquida, por su facilidad de dosificación y mezcla; en polvo, con una vida útil más larga y pensada para productos secos o para incorporarla sin aportar agua; en tabletas o cápsulas, en el terreno de la suplementación digestiva; y como concentrado enzimático para aplicaciones industriales, como la textil o la de detergentes.

En el cuerpo humano

La amilasa se produce sobre todo en las glándulas salivales —en particular las parótidas— y en el páncreas. Esa doble producción reparte el trabajo: la digestión de los carbohidratos empieza en la boca, antes de tragar, y continúa en el intestino delgado con la aportación pancreática. En ambos sitios, la enzima descompone el almidón y el glucógeno en fragmentos de glucosa, maltosa y dextrinas, que son las formas que el organismo sí puede absorber.

Hay un dato que conviene conocer porque conecta la enzima con la historia de la alimentación. Tras la revolución agrícola, hace unos 12.000 años, el ser humano acumuló copias adicionales del gen AMY1, responsable de la amilasa salival. Las poblaciones con dietas históricamente ricas en almidón —de ascendencia europea o japonesa— tienen alrededor de 6 copias de media, frente a las 2-3 copias de poblaciones cazadoras-recolectoras como los biaka, los datog o los yakutos. Es un indicio de selección natural a favor de producir más amilasa en las dietas que dependen del cereal y del tubérculo.

La amilasa salival se emplea además como biomarcador de estrés fisiológico, porque su concentración sube cuando se activa el sistema nervioso simpático.

La amilasa en un análisis de sangre

Es el ángulo por el que mucha gente llega a esta palabra: la amilasa es un parámetro habitual en las analíticas. El rango normal en sangre es de 40 a 140 U/L (0,67-2,34 µkat/L), con variaciones ligeras entre laboratorios.

Un nivel elevado puede indicar, entre otras causas, pancreatitis aguda, cáncer de páncreas, de ovario o de pulmón, inflamación de la vesícula biliar, infección u obstrucción de un conducto de las glándulas salivales, obstrucción intestinal o de las vías biliares o pancreáticas, úlcera perforada, embarazo ectópico roto o hepatitis viral. Un nivel bajo puede deberse a fracturas óseas, insuficiencia cardiaca congestiva, daño pancreático con cicatrización —pancreatitis crónica—, cáncer gastrointestinal o al propio embarazo.

Esta información es divulgativa y procede de MedlinePlus, el servicio de información de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Un valor fuera de rango no significa por sí solo un diagnóstico: interpretarlo corresponde al profesional sanitario que ha pedido la prueba.

En la cocina: pan, cerveza y queso

Panificación

En panadería, la amilasa acelera la liberación de azúcares simples a partir del almidón de la harina. Esos azúcares son el alimento de la levadura durante la fermentación, y de ahí salen el empuje de la masa, el color dorado y la corteza. Muchos panes comerciales añaden amilasa —a menudo en forma de cebada malteada— precisamente para acortar un proceso que, en la panadería tradicional de masa madre, exige una fermentación mucho más larga. Dicho de otro modo: la amilasa es el atajo enzimático del tiempo de fermentación.

Ese mismo poder tiene una contrapartida laboral documentada. Los trabajadores expuestos a harina enriquecida con amilasa tienen mayor riesgo de dermatitis y asma ocupacional: entre un 5 % y un 9 % de los panaderos da positivo en pruebas cutáneas de sensibilización a la enzima.

Cervecería

En cervecería, el momento de la amilasa es el macerado —el mashing—: la fase en la que las enzimas del grano convierten el almidón en azúcares fermentables. Sin ese paso no hay alcohol posible, y el perfil de sabor de la cerveza se decide ahí.

La palanca que maneja el cervecero es la temperatura, porque cada amilasa trabaja mejor en una franja distinta:

EnzimaFranja de trabajo en el maceradoQué favorece
Beta-amilasa58-65 °CMaltosa: mosto más fermentable
Gamma-amilasa63-68 °CGlucosa liberada directamente
Alfa-amilasa68-74 °CDextrinas: más cuerpo

Elegir la temperatura del macerado es, por tanto, elegir qué enzima manda, y con ella el grado alcohólico, el cuerpo y el sabor de la cerveza resultante.

Quesos y otras aplicaciones

La amilasa puede utilizarse también en la elaboración de quesos, para modificar la textura y desarrollar sabores más complejos durante la maduración. Y como recordatorio de que su oficio no acaba en la cocina: la amilasa bacteriana es uno de los ingredientes habituales de los detergentes, donde se encarga de disolver los restos de almidón de tejidos y vajilla.

Como aditivo alimentario, la amilasa se identifica con el código E1100 y puede obtenerse de páncreas de cerdo o de hongos filamentosos.

Su uso no es libre. En la Unión Europea, el Reglamento (CE) n.º 1332/2008 armoniza las condiciones de empleo de las enzimas alimentarias, y ninguna puede autorizarse sin pasar antes una evaluación de seguridad de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Es el mismo marco que se aplica en España.

En el terreno clínico, la amilasa forma parte de las terapias de sustitución enzimática pancreática (PERT) —como Sollpura (liprotamasa)—, que ayudan a descomponer los azúcares complejos en formas absorbibles en personas con insuficiencia pancreática.

En Canarias: la diastasa de la miel

Conviene decirlo con precisión: no existe una amilasa canaria, ni un producto insular que lleve el nombre de la enzima. El vínculo del término con las islas es indirecto, pero es real y está en la normativa: la amilasa es uno de los parámetros con los que se mide si una miel se ha tratado bien.

La diastasa —el nombre histórico que dejaron Payen y Persoz— es la amilasa natural de la miel, y su actividad se cuantifica con el llamado índice diastásico. La Directiva 2001/110/CE del Consejo, relativa a la miel, exige en su anexo que la miel comercializada no se haya calentado hasta el punto de destruir o volver poco activas sus enzimas naturales, la diastasa entre ellas. Es, en la práctica, un detector de sobrecalentamiento: una miel con actividad diastásica baja delata un tratamiento térmico excesivo.

Cualquier miel canaria con figura de calidad debe cumplir ese requisito, y en el archipiélago la referencia es la DOP Miel de Tenerife.

DOP Miel de TenerifeDato
Protegida desdeEnero de 2014
Variedades monoflorales amparadas13 (retama del Teide, tajinaste, aguacate, castaño, hinojo, poleo…)
Categorías multiflorales3, por franja de altitud
CostaPor debajo de 450 m
MonteEntre 450 y 1.200 m
CumbrePor encima de 1.200 m

En Argentina: la chicha muqueada del noroeste

El arraigo cultural más directo de la amilasa está al otro lado del Atlántico, y es de los que no hace falta forzar: la enzima aparece por su nombre en la descripción de una técnica ancestral.

La chicha de maíz fue la principal bebida alcohólica producida en el actual territorio argentino hasta bien entrada la época colonial española. En el noroeste —Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca— se documenta una variante llamada chicha muqueada: la harina de maíz se mastica y se escupe en un recipiente para fermentarla, aprovechando que la saliva humana es una «rica fuente de amilasa, una enzima digestiva que facilita la conversión del almidón en azúcares». Hoy la técnica está prohibida por motivos de higiene, pero la chicha se sigue consumiendo en el noroeste argentino en fiestas religiosas, cumpleaños y celebraciones de la Pachamama. Los mapuches del sur del país preparan además una variante no alcohólica, el muday, elaborado con trigo o con manzanas.

El paralelismo con la cervecería es exacto, y ayuda a entender qué hacían esas comunidades sin saber bioquímica. La chicha de jora andina —de Perú y Ecuador— resuelve el mismo problema por otra vía: en lugar de saliva, usa maíz germinado o malteado, la «jora». El malteado activa las amilasas del propio grano, que es exactamente el principio de la cerveza de cebada. Saliva o germinación: dos caminos culturales distintos hacia la misma reacción química.

Términos relacionados

  • Aperitivo — el momento en que arranca la digestión, con la amilasa salival ya en marcha antes del primer plato.
  • Aminoácidos — el otro gran desmontaje digestivo: el de las proteínas, en lugar del de los carbohidratos.
  • Albúmina — otra proteína del glosario que se lee a la vez en el laboratorio y en la cocina.
  • Aguardiente — todo destilado parte de una fermentación, y cuando la materia prima es un cereal el azúcar llega gracias a la amilasa.
  • Actividad de agua (a𝘸) — otro parámetro de la ciencia de los alimentos con efecto directo en la conservación.

Fuentes consultadas

Fotos: 1. Ildar Sagdejev (Specious) (abre en una pestaña nueva) (CC BY-SA 4.0 (abre en una pestaña nueva)) · 2. PDB-101 (abre en una pestaña nueva) (CC BY 4.0 (abre en una pestaña nueva))

Preguntas frecuentes

¿Qué es la amilasa?
Es una enzima del grupo de las hidrolasas que rompe los enlaces glucosídicos de los carbohidratos complejos —almidón y glucógeno— y los convierte en azúcares más simples, como la maltosa.
¿Qué tipos de amilasa existen?
Tres: la alfa-amilasa, que corta la cadena de almidón en cualquier punto y es la principal enzima digestiva de los animales; la beta-amilasa, que libera maltosa desde el extremo de la cadena y es propia de plantas y microorganismos; y la gamma-amilasa, la más activa en medio ácido y la única que libera glucosa directamente.
¿Dónde se produce la amilasa en el cuerpo humano?
Sobre todo en las glándulas salivales —en particular las parótidas— y en el páncreas.
¿Para qué sirve la amilasa en la digestión?
Inicia la descomposición del almidón y del glucógeno en fragmentos de glucosa, maltosa y dextrinas, que es la forma en la que el organismo puede absorberlos.
¿Qué función tiene la amilasa en el pan y en la cerveza?
En el pan libera azúcares simples del almidón de la harina para alimentar la fermentación de la levadura. En la cerveza, durante el macerado, convierte el almidón del grano en los azúcares que después se fermentan en alcohol.
¿Qué significa tener la amilasa alta o baja en un análisis de sangre?
El rango de referencia habitual es de 40 a 140 U/L. Un valor alto puede apuntar a una pancreatitis aguda u otras inflamaciones; uno bajo, a un daño pancreático crónico, entre otras causas. La interpretación corresponde siempre a un profesional sanitario.
¿Qué es el índice diastásico de la miel?
Es la medida de la actividad de la diastasa, que es la amilasa natural de la miel. La normativa europea exige que la miel no se haya calentado hasta el punto de destruir o volver poco activas sus enzimas, y ese requisito lo cumple también la Miel de Tenerife con Denominación de Origen Protegida.
¿Qué es la «chicha muqueada» y qué tiene que ver con la amilasa?
Es una técnica tradicional del noroeste argentino en la que se mastica harina de maíz para que la amilasa de la saliva convierta el almidón en azúcares fermentables. Hoy está prohibida por motivos de higiene.

También en el glosario

  • Aminoácidos

    Los aminoácidos son compuestos orgánicos que combinan para formar proteínas, esenciales para el funcionamiento y la estructura de las células vivas.

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